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  I Jornadas de Tradiciones Espirituales del Mundo en Andalucía

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I Jornadas de Tradiciones Espirituales del Mundo en Andalucía

Secciones:

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Primera mesa de diálogo, sobre la Pobreza, realizada en la Universidad Hispalense, bajo la dirección del Dr. Isidoro Moreno

Primera mesa de diálogo, sobre la Pobreza, realizada en la Universidad Hispalense, bajo la dirección del Dr. Isidoro Moreno

 

 

MESAS DE DIÁLOGO: MODERADORES Y CONCLUSIONES

 

Durante las Jornadas se realizaron cinco mesas de diálogo para tratar cinco temas de calado en nuestros tiempos: POBREZA, INMIGRACIÓN, MUJER, MEDIO AMBIENTE y PAZ.

En todas ellas un moderador de peso, y de cada una de ellas se extrajeron conclusiones a partir de lo aportado por cada ponente. A continuación se detallan los moderadores que hubo en cada mesa (columna de la izquierda) y las conclusiones a las que llegaron los distintos representantes de las Tradiciones Espirituales.

 

 

 

Mesa sobre la pobreza

Moderador:

DR. ISIDORO MORENO

Catedrático de Antropología Universidad de Sevilla. Es el responsable de numerosos proyectos de investigación y dirige el grupo de investigación GEISA. Es autor de más de 30 libros y numerosas publicaciones; también ha sido guionista y director de algunas series de TV. Recibió la Medalla de Oro del ‘Premio Internazionale di Studi Demoetnoantropologici Pitre-Salomone Marino’, otorgado por el Centro Internacional de Etnohistoria de Palermo y el Ministerio italiano de los Bienes Culturales. Ha sido Profesor Visitante y dirigido cursos en numerosas universidades europeas y latinoamericanas.

 

Sevilla, 26 noviembre 2006

El fenómeno de la pobreza se está contemplando en nuestra sociedad desde una única dimensión, la de la pobreza externa, material, sin darnos cuenta de que existe otro tipo de pobreza que afecta profundamente a las sociedades occidentales: el de la pobreza interna; es decir, la crisis de valores y el declive de unos principios éticos profundos, de unos principios basados en el amor y la compasión, que ayudarían enormemente a aliviar, e incluso resolver, la pobreza externa, material, de los pueblos menos desarrollados. Una pobreza interna la de los países occidentales que, en muchos casos, genera más desdicha, desesperanza y depresión que las que pueden sufrir los habitantes de los países más pobres.   

El modelo de desarrollo impuesto actualmente en nuestras sociedades genera unos individuos con un marcado carácter individualista, egoísta y egocéntrico, que fundamentan su vida en gran medida en una marcada obsesión por la riqueza y las posesiones materiales, en un anhelo siempre creciente que, por su propia naturaleza, nunca alcanza su plena satisfacción. Como dicen los representantes de las tradiciones, «no es más feliz el que más tiene, sino el que más satisfecho se siente con lo que tiene, sea mucho o poco». 

Ese anhelo desmedido lleva a que una pequeña parte de la humanidad acumule más bienes de los que necesita para una cómoda subsistencia, empobreciendo en este empeño al resto de la humanidad, a los habitantes de los países menos desarrollados. 

Por ello, para afrontar el problema de la pobreza, es necesario, en primer lugar, considerar la riqueza interna como lo verdaderamente importante frente al anhelo por lo material, debilitando así las exacerbadas tendencias consumistas de los habitantes de los países ricos y propiciando una mayor austeridad en los estilos de vida, que no sólo tendría un efecto beneficioso en el descenso de la pobreza, sino también en los esfuerzos por un desarrollo sostenible en el planeta. 

De ahí que la búsqueda de verdaderas soluciones a la pobreza (de soluciones no sintomáticas, sino profundas) convendría iniciarla, en todo caso, en la misma conciencia de los seres humanos, en un cambio de visiones de la realidad que generara un cambio notable de actitudes y de comportamientos, así como una fraternidad real que llevara a compartir con los necesitados desde la gratuidad, renunciando en parte a nuestras comodidades en beneficio de los más desfavorecidos del planeta. 

En este sentido, las diferentes religiones y tradiciones espirituales podrían desarrollar un papel fundamental, como catalizadoras de una visión de la vida basada en el amor, en la comprensión y en el respeto como base del reconocimiento del otro como de una parte de sí mismo, frente al fundamentalismo de la economía del mercado, el fundamentalismo de las patrias y los diversos fundamentalismos religiosos. 

Desde este punto de vista, tenemos la necesidad de aprender a valorar las diferencias culturales y religiosas para llegar a un verdadero encuentro intercultural e interreligioso que no imponga visiones únicas de la realidad al resto. Todas las religiones y tradiciones deben hacer un esfuerzo en la búsqueda de un “lenguaje común” en el que sustentar los puntos de partida compartidos: la responsabilidad ante los que sufren, la conveniencia de compartir lo que se posee, el rechazo al consumismo desaforado y la búsqueda de la riqueza interior como alternativa al insaciable anhelo de posesiones y bienes materiales. 




 

Mesa sobre medio ambiente

Moderador:

MIQUEL VENTURA

Biólogo marino y Master en Tecnología del Agua. Fundador de la organización de protección del medio marino Nereo (Girona) es también director del Centro de Estudios del Mar de Begur y patrono de la Fundació Mar (Barcelona), desde donde se promueve el estudio y la conservación de los ecosistemas marinos litorales del Mediterráneo y las culturas que lo integran.

 

Sevilla, 26 noviembre 2006

La visión de la vida y de la realidad que se impone actualmente en nuestras sociedades se basa en un enfoque completamente antropocéntrico, en el cual el hombre se considera dueño y señor de todo cuanto le rodea y se considera con derecho al uso y abuso de los recursos naturales del planeta, con el consiguiente desequilibrio en los ecosistemas y en los fenómenos naturales.   

Este punto de vista, en el que se ve al ser humano como elemento independendiente del resto de la vida y del planeta, nos ha llevado a una situación que empieza a tener graves consecuencias para los propios seres humanos. Porque dañar a la naturaleza es, en realidad, dañarnos a nosotros mismos, por cuanto estamos interconectados con el resto de los seres vivos y con el planeta en sí. 

Esto nos lleva a considerar la necesidad perentoria, urgente, de educar y concienciar a la sociedad de que el bienestar colectivo, no sólo de la humanidad, sino de todos los seres que pueblan el planeta es, en el fondo, el equivalente al bienestar individual, al bienestar de uno mismo. Desde la práctica espiritual, se entiende que todo en el Universo está interconectado, que el ser humano forma parte de la misma esencia vital que radica en todo cuanto existe, y que eso convierte a todo lo que nos rodea en parte de nosotros mismos. De ahí que, desde el punto de vista de las Tradiciones Espirituales, debamos respetar, amar y cuidar de todos los seres vivos, así como de ríos, bosques, mares y aire, siendo conscientes de la profunda necesidad que tenemos de todos ellos. 

Ese enfoque antropocéntrico del universo debe dejar paso a una actitud de profunda humildad, reconociéndonos deudores de toda la vida que nos sustenta y adoptando en todo caso la función de colaboradores en el mantenimiento de la vida y en la perfección de todo lo creado. 

De esta forma, educar y concienciar deben constituir la base del trabajo que tienen por delante las Tradiciones Espirituales del mundo, con el fin de hacernos conscientes de la responsabilidad personal que cada uno tenemos de mejorar nuestro entorno día a día, para poner en manos de nuestros descendientes un entorno igual o mejor que el nosotros recibimos de nuestros mayores. 

 



 

Mesa sobre la mujer

Moderadora:

MARIAN GARCÍA RODRÍGUEZ

Enfermera Comunitaria y Coordinadora de CADIR (Comisión de Ávalon para el Diálogo Interreligioso). Acreditada por la A. Taichi Taoista de España en Mallorca, es instructora de Taichi desde hace mas de 20 años y fundadora de una organización en Córdoba y otra en Barcelona que cuenta con mas de 3000 socios practicantes de esta disciplina. Desde hace 6 años dirige un Centro en Córdoba donde se imparten talleres enfocados al autoconocimiento y el despertar de la consciencia.
Marcada por su convivencia durante semanas con los beduinos de Petra, su avidez por conocer y entender otras culturas y formas de vida la ha llevado a realizar amplios peregrinajes por países de los cinco continentes: Canadá, India, Sudán, Jordania,... conviviendo con sus gentes e integrándose en sus tradiciones,
Marian es, además, una sensible defensora de los derechos de las mujeres en el mundo y una infatigable luchadora por el fin de su discriminación en cualquier ámbito y lugar.

Sevilla, 27 noviembre 2006

Un estudio en profundidad de las fuentes originales de todas las Tradiciones Espirituales permite ver que la discriminación de la mujer no puede justificarse en las enseñanzas de sus distintos fundadores. La inmensa mayoría de las prácticas discriminatorias contra la mujer que se aplicaron en el pasado y se siguen aplicando hoy en día no pueden vincularse a las directrices originales de las religiones, sino a usos y costumbres culturales de unas sociedades ancladas en el patriarcado, y a los intereses y las conveniencias de los grupos de poder de las distintas sociedades. De hecho, desde la experiencia que aporta la práctica espiritual, la divinidad no puede contemplarse como un Dios masculino, sino como un Padre-Madre o, incluso, como de algo tan alejado de cualquier concepto humano que no podría catalogarse dentro de calificación de género alguna.

Pero todo esto no es óbice para que se reconozca que los estamentos religiosos han sido cómplices en demasiadas ocasiones de las injusticias a las que se ha sometido a las mujeres a los largo de los siglos. Desde este reconocimiento honesto, los representantes de las Tradiciones Espirituales presentes en las Jornadas proponen un cambio de paradigma, de visión de la realidad, así como un cambio de sensibilidad que, recuperando las enseñanzas originales de cada religión, devuelvan a la mujer el lugar y el papel que le corresponde de pleno derecho.

Desde la convicción de que el patriarcado está en abierta crisis, y de que la liberación de la mujer avanza lenta, aunque inexorablemente, en la mayoría de las sociedades, hay que reconocer que, ciertamente, se están dando cambios en el seno de las grandes religiones; cambios que apuntan en la dirección correcta; si bien se admite que estos cambios siguen siendo insuficientes y lentos, por cuanto las sociedades han ido siempre por delante de los sectores más conservadores y ortodoxos de sus respectivas religiones.

Por otra parte, en un análisis más profundo, del conflicto hombre-mujer, se observa la necesidad de una integración entre lo masculino y lo femenino dentro de la persona.

 




 

Mesa sobre inmigración

Moderador:

JESÚS ROIZ CORCUERA

Miembro de la Organización “Sevilla Acoge”, primera organización creada en España en 1985 con el fin específico de trabajar con la población inmigrante.
Realizan una acción integral de formación e inserción sociolaboral con las personas inmigrantes de acogida. “Sevilla Acoge” desarrolla también acciones de sensibilización y movilización social y Proyectos de Cooperación Internacional.

Sevilla, 27 noviembre 2006

El movimiento de grandes masas de seres vivos en busca de lugares donde resulte más fácil el sustento es un fenómeno natural que se observa en multitud de especies animales, un fenómeno natural que se desnaturaliza en el ser humano por causa de esas abstracciones mentales que denominamos fronteras o naciones.
Desde esta reflexión, los representantes de las Tradiciones Espirituales presentes en estas Jornadas observan que el problema de la inmigración se está contemplando casi exclusivamente desde la óptica de los países de llegada de los inmigrantes, que sólo los acogen en función de sus propias necesidades laborales y económicas, no teniendo en cuenta la realidad ni la cultura del inmigrante.

Y lo paradójico es que, en las fuentes originales de todas las grandes Tradiciones Espirituales de la humanidad, se contempla como una obligación de primer orden el dar acogida y el ser hospitalarios con el extranjero, con el extraño que llega a tus tierras; incluso con la visión de «el otro» como de un reflejo de ti mismo; reflejo que uno debe aceptar si quiere llegar a un conocimiento profundo de sí.

Ante el trauma que supone para el inmigrante la inmersión en una sociedad y una cultura tan diferentes a las que él conoce, se impone un doble esfuerzo de integración: el esfuerzo de la sociedad que acoge y el esfuerzo de los inmigrantes que llegan. Permitir a los inmigrantes que reproduzcan sus modelos culturales en la sociedad de acogida les va a proporcionar la seguridad que necesitan en unos momentos en que se sienten profundamente desarraigados y confusos. Pero también los inmigrantes deben de hacer un esfuerzo consciente por amoldarse a los hábitos y costumbres que constituyen las bases de la sociedad en la que se sumergen. De esa mutua concesión se pueden derivar grandes beneficios para ambas partes.

Una vez más, la educación y la concienciación constituyen la base fundamental para la consecución de estos objetivos, a través de campañas concretas de integración del inmigrante y de actividades que fomenten el conocimiento mutuo, con el fin de disolver el temor ante lo ajeno y lo distinto, y de romper estereotipos e ideas preconcebidas que pueden distorsionar las visiones que tienen unos de otros.

 




 

Mesa sobre paz

Moderador:

DR. JOSÉ ANTONIO ANTÓN PACHECO

Profesor Titular del Departamento de Estética e Historia de la Filosofía de la Universidad de Sevilla. Autor de numerosos libros y artículos en diversas publicaciones, relacionados fundamentalmente con la reflexión y la investigación filosóficas.

Sevilla, 28 noviembre 2006

Es evidente que las creencias religiosas se hallan en el origen de mucha de la violencia y de los conflictos bélicos que ha venido sufriendo la humanidad desde tiempos inmemoriales, y es evidente que en nuestros tiempos seguimos inmersos en guerras de religión. Y, sin embargo, el nombre de Dios y la experiencia de Dios es PAZ, desde el mismo nombre del Islam (salam, paz) hasta el del Señor de los Ejércitos del judaísmo, por cuanto «ejércitos» significaba, en su etimología original, «grupo de personas entre las que hay armonía y buena organización», algo muy distinto del significado en que devino. Desde las injusticias sufridas por el pueblo mapuche y el pueblo tibetano, respondiendo desde la no-violencia, pasando por la mirada de paz y perdón del Hermano Roger de Taizé cuando era asesinado, hasta los mismos textos fundacionales de las distintas Tradiciones Espirituales, todo habla en contra de la violencia y la guerra, y a favor del perdón y la reconciliación entre los seres humanos, sea cual sea su religión. Nadie debería justificar la violencia y la guerra si se atiene a las fuentes originales de las enseñanzas de los fundadores de sus distintas Tradiciones y a las palabras de aquellas personas que, a lo largo de los siglos, han representado el espíritu más puro de sus religiones.

En todas las Tradiciones se considera la paz como la máxima bendición divina, pero es una paz que no sólo se dirige al exterior, a la sociedad, sino que, generándose en el interior de la persona, se difunde hacia su mundo externo inmediato, y aún más allá. El amor, la compasión, la búsqueda de la verdad y el conocimiento se constituyen en los principales ingredientes de la paz, siendo el mal y la violencia un producto de la ignorancia, que exacerba las pasiones religiosas y genera ira, odio, agresividad y desequilibrio.

La paz no es algo que se nos vaya a otorgar socialmente como un regalo del cielo o de la tierra. La paz tiene un precio, y exige un esfuerzo incansable, una lucha día a día para hacerla realidad.