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  Editorial

 

 

 

JAN ROSE KASMIR: LA LEYENDA ESTUVO CON NOSOTROS

El paso de Jan Rose Kasmir por España, para recibir el Premio Internacional de la Paz 2010 y participar en la gran noche mágica de Paz Ahora - Peace Now 2010, dejó una cálida huella en muchos de los que tuvimos ocasión de estar con ella

2010/09/29 

Jan Rose Kasmir, en una composición del fotógrafo Ángel Mir 

Jan Rose Kasmir, en una composición del fotógrafo Ángel Mir

 

Una leyenda viva del pacifismo, Jan Rose Kasmir, conocida en todo el mundo por la foto que hiciera de ella el fotógrafo francés Marc Riboud en 1967, cuando se puso frente a las bayonetas de la Guardia Nacional en el Pentágono con la única arma de una flor, ha estado con nosotros, con el Proyecto Avalon, durante una semana, una semana que se nos antoja ahora mágica.

 

Jan, un icono del pacifismo de la década de los 60 frente a la Guerra de Vietnam (el mismísimo Ho Chi Min tenía una foto de ella en su propio despacho), vino para recibir el Premio Internacional de la Paz del Proyecto Avalon y a participar en la creación de un símbolo humano de la paz gigante, con antorchas, en Sevilla.

 

Pero lo que nos ha quedado de ella ha sido su lado más humano, el de una mujer humilde y sencilla que, 43 años después de su gesta adolescente, confiesa, quitándole importancia a su heroicidad: "Yo era muy joven. No era consciente de lo que estaba haciendo".

 

Jan se nos ha quedado en el alma a todos los que la hemos cononcido, y no por el aura de su leyenda, sino por su simple y pura humanidad. Al conocer a una voluntaria del Proyecto Avalon, Abir Hussein, una joven iraquí que trabaja por la paz desde la Universidad de Bagdad, se conmovió profundamente. Las dos mujeres, una norteamericana y la otra iraquí, una judía y la otra musulmana, no pudieron contener sus emociones y se abrazaron sollozando nada más verse. Luego, Jan le pediría a Abir que subiera con ella al escenario tras la entrega de su premio, para que compartiera con ella los aplausos y los discursos. Más de un asistente al acto de Paz Ahora 2010 se echó a llorar sin rubor alguno.

 

La vida de Jan Rose no ha sido nada fácil; más bien ha sido una vida dura, muy dura, y paradójicamente ella no fue consciente de ser una heroína del pacifismo hasta 20 años después de que Marc Riboud la inmortalizara para la historia con aquella foto, cuando su padre vio la imagen en una revista y la llamó para decírselo, cuando tenía ya casi 40 años, y cuando la vida comenzaba a resultarle un poquito, sólo un poquito, más fácil.

 

El 15 de febrero de 2003, y nuevamente con el fotógrafo Marc Riboud, participaría en una nueva manifestación histórica, esta vez contra la Guerra de Iraq, en Londres, donde se juntarían más de dos millones de personas.

 

 

 

Jan Rose Kasmir, durante la recepción que se le hizo en la Diputación Provincial de Sevilla, delante de la foto que la inmortalizó.

Jan Rose Kasmir, durante la recepción que se le hizo en la Diputación Provincial de Sevilla, ante la foto que la ha inmortalizado.

  

En los años posteriores, tras constatar el fracaso que aquellas masivas manifestaciones mundiales habían tenido frente a políticos sordos a sus pueblos como George Bush o Tony Blair, Jan comenzaría a perder la esperanza en que realmente pudiera alcanzarse la paz en un futuro más o menos cercano... hasta que vino a España y, con el calor de la gente de Sevilla, comprendió que aún había esperanza. "Marc, el espíritu sigue vivo", le diría a Marc Riboud en conversación telefónica el día previo a Paz Ahora 2010.

 

Ése, al menos, sería el mejor regalo que podríamos hacerle a alguien que, como ella, había supuesto tanto para el movimiento pacifista en todo el mundo. Ante la desesperanza de los últimos años, devolverle la esperanza y la fe en el género humano, una esperanza y una fe que ella enarboló desafiante con una flor 43 años atrás. Ella nos había inspirado a todos; ahora, paradójicamente, nosotros teníamos que inspirarla a ella y hacerle ver la inmensa importancia de su figura y de su compromiso con la paz; hacerle ver que aquel gesto inconsciente de juventud se había convertido en una bomba de relojería amorosa dentro del inconsciente colectivo de la humanidad; un arma letal que, con el tiempo, terminará derribando las barreras de la violencia y de la guerra. Y es que Jan, junto con Marc Riboud, que supo captar aquel instante eterno, han hecho más por la paz mundial  con aquella foto que muchos Premios Nobel de la Paz del mundo de la política.

 

Pero, aparte de todos estos significados tan trascendentes, y ya a título personal, creo que lo que más recordaré de mi encuentro en la vida con Jan Rose Kasmir será el viaje que compartimos los dos de camino al aeropuerto de Barajas, ya en nuestra despedida, casi cuatro horas de viaje que jamás ovlidaré. No ocurrió nada especial. Tampoco me hizo revelaciones impactantes. Simplemente, fuimos charlando como dos viejos amigos sobre nuestras pequeñas historias, sobre el movimiento hippie, que ambos vivimos, y sobre nuestra renovada esperanza en un mundo más justo, libre y pacífico; todo eso mientras escuchábamos viejas canciones de Crosby, Stills, Nash & Young. Durante esas cuatro horas me encontré con el ser humano profundo que habíta en ella, con sus recuerdos de Janis Joplin y de sus tiempos de agitadora pacifista en la universidad, con su preocupación y su profundo amor por su hija, con sus proyectos para lanzar el Proyecto Avalon en los Estados Unidos, con su terrible dolor de espalda que soporta con una sonrisa, con esa tristeza profunda de un alma que ha vivido mucho y ha sufrido mucho.

 

Al despedirnos en la puerta de embarque, nos quedamos mirándonos en silencio, con las lágrimas aflorando en nuestros ojos. "Cuídate -me dijo-. Piensa un poco más en ti".

 

No se si volveremos a vernos o no; pero sí sé que jamás te olvidaré, Jan Rose Kasmir.

 

 

Grian - Director del Proyecto Avalon 

 

 

Jan Rose Kasmir y el Quijote

Jan Rose Kasmir, al término de la recepción de la que fue objeto en la Diputación Provincial de Sevilla, conversando con un actor callejero, con el oso de peluche de la paz en brazos. El espíritu del Quijote ahora anida también en ella.

 

 

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