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DESCUBRE EL PROYECTO ÁVALON

  Editorial

 

 

 

 

LIBIA: UN GRAVE ERROR QUE AÚN PODEMOS ENDEREZAR

2011/03/22 

El presidente francés Sarkozy recibe a Gadafi en París 

En estos gestos es donde comienzan los problemas. La falta de coherencia y de honestidad, la falta de principios éticos sólidos entre nuestros gobernantes tiene consecuencias más graves de lo que pudiera parecer 

 

En el actual conflicto de Libia se nos ha puesto ante un duro dilema: la de pedir la protección de la población civil de Bengasi a costa de una escalada de la violencia con la entrada de las fuerzas aéreas de una alianza multinacional, o bien insistir en nuestro lema de “No a la guerra” a costa de una más que probable masacre de civiles, a tenor de los antecedentes y de las declaraciones del dictador libio Muamar el Gadafi.

La posición del Proyecto Avalon ante todo conflicto ha sido siempre, como no podía ser de otro modo en una organización pacifista, la de la búsqueda de soluciones no-violentas. Pero la doctrina de Gandhi de la no-violencia tiene matices que no todo el mundo conoce, pues Gandhi dice:

“Vengo repitiendo una y otra vez que el que no puede protegerse a sí mismo ni a sus seres más cercanos y queridos, ni su honor enfrentándose a la muerte de forma no-violenta puede y debe hacerlo enfrentándose violentamente con el opresor. El que no pueda hacer ninguna de las dos cosas es una carga. No tiene capacidad para ser cabeza de una familia. Tiene que esconderse, o bien contentarse con vivir siempre en la impotencia, y estar preparado para arrastrarse como un gusano ante los mandatos de cualquier matón.”

“Aunque la violencia no es legítima, cuando se lleva a cabo en defensa propia o en defensa de los indefensos es un acto de valentía mucho mejor que la sumisión cobarde. Esta última no es indicada ni para el hombre ni para la mujer. Bajo violencia, existen muchas fases y variedades de valentía. Cada hombre debe juzgar esto por sí mismo. Ninguna otra persona puede ni tiene derecho a hacerlo.” [1]

 

Y en otro punto, añade:

“Creo que, cuando sólo existe una elección entre cobardía y violencia, yo aconsejaría la violencia… Preferiría que la India recurriera a las armas a fin de defender su honor que, de una forma cobarde, se convirtiera o permaneciera como testigo impotente de su propio deshonor.

“Pero creo que la no-violencia es infinitamente superior a la violencia, y que el perdón es más varonil que el castigo.” [2]

 

Pero, desde nuestro punto de vista, el problema estriba aquí en el hecho de que se haya tenido que llegar al punto en que no existiera —o, al menos, esa es nuestra impresión— una salida no-violenta a la situación.  

La inoperancia de las diplomacias árabes y occidentales a la hora de mediar en el conflicto libio ha sido escandalosa. Desde el 15 de febrero en que tuvieron lugar las primeras manifestaciones en Libia contra el régimen de Gadafi ha pasado más de un mes en el que los supuestos defensores de la democracia y los derechos humanos —léase los países occidentales— no han movido un solo dedo por ayudar a resolver el conflicto. 

Pero lo que resulta más gravoso es la actitud que los líderes occidentales han mantenido con Gadafi en los últimos años, los abrazos y los agasajos con que los líderes occidentales han obsequiado al dictador libio. Esto ha minado, en gran medida, la decisión diplomática necesaria y ha retrasado la aplicación de medidas de presión suficientes como para atajar el problema cuando aún había soluciones que no pasaran por la intervención militar. 

La deleznable doble moral de nuestro sistema político ha llevado a nuestros líderes a buscar el amiguismo con el dictador, vendiéndole armas —las mismas con las que ahora está masacrando a su pueblo—, haciendo un buen negocio con el petróleo y el gas, utilizándole como freno a la inmigración clandestina y teniéndole de aliado infiltrado en el mundo árabe en la lucha contra el terrorismo islamista. A cambio de todo esto, los líderes occidentales, que se consideran líderes de la democracia y de los derechos humanos en el mundo —al menos ése convendría que fuera su papel—, hacían la vista gorda a tanto desmán y tanta injusticia con su propio pueblo y alojaban en sus bancos su inmensa fortuna, fruto de una inmensa corrupción. 

Como dice el Dr. Federico Mayor Zaragoza, “Acabemos de una vez con la vergüenza que producen unos gobernantes ‘saltimbanquis’ que, sin brújula ni rumbo, un día abrazan y al siguiente repudian. Y es que, aunque no quieran reconocerlo, se trata de una crisis sistémica y lo que deben hacer, sin más aplazamientos, es darle la vuelta a la gobernación mundial, con valentía y lucidez, pasando del G20 al G-196, a todas las naciones... porque todas sufren las consecuencias de la plutocracia actual”. [3]  

 

En el Proyecto Avalon, coincidimos con el profesor Mayor Zaragoza. Efectivamente, se trata de una crisis del sistema en su totalidad. Pero aún podríamos decir más: se trata de una crisis de principios éticos y una crisis de conciencia en última instancia

La conclusión de todo esto es que ESTE CONFLICTO SE PODRÍA HABER RESUELTO DE FORMA NO-VIOLENTA; pero, a la postre, NO HA HABIDO NI MOTIVACIÓN, NI DESEO, NI VOLUNTAD PARA HACERLO. Y eso nos ha llevado a la situación en la que, o se escurría el bulto y se permitía la matanza de civiles en Bengasi, o se intervenía militarmente con las nefastas e ignotas consecuencias que toda escalada de violencia trae consigo. Grave e insidioso dilema. 

La resolución 1973 de las Naciones Unidas y la aplicación de la zona de exclusión aérea sobre Libia, con su descarga de bombas y muerte, es ya un hecho, y poco más vamos a poder hacer ya, salvo analizar los graves errores que han traído hasta esta situación. Pero el presente nos llama, y nos pide que digamos, que opinemos, que sugiramos y que levantemos la voz si es necesario; y en Proyecto Avalon decimos, opinamos, sugerimos levantando la voz que con lo hecho YA BASTA, que cesen los bombardeos, por muy quirúrgicos y asépticos que nos afirmen que son, y que comience a trabajar ya, a toda máquina, la diplomacia. QUE CALLEN YA LAS ARMAS Y REINE LA PALABRA. 

No sabemos si habrá habido ya o no víctimas civiles en los ataques de la denominada Alianza; pero, si no las ha habido, más pronto que tarde las habrá, y entonces el sinsentido de esta “operación liberadora y salvadora” de civiles de Bengasi se convertirá en una vergüenza y un horror por la masacre de civiles en Trípoli. 

Un error no se arregla cometiendo un error aún más grave, ni con una huida hacia delante. Retómense con decisión y con intensidad los cauces no-violentos, la vía de la diplomacia y la mediación. Compréndase que otra manera de gobernar y de resolver los problemas es posible, y aplíquense nuestros líderes a ella con toda la honradez y la ética que les faltó cuando se daban abrazos con Gadafi. 

Abortemos esta guerra ya, antes de que nos estalle a todos entre las manos.

 

Proyecto Avalon – Iniciativa para una Cultura de Paz


 

[1]En The Complete Site on Mahatma Gandhi (el subrayado es nuestro) http://www.mkgandhi.org/momgandhi/chap28.htm

[2]En The Complete Site on Mahatma Gandhi http://www.mkgandhi.org/nonviolence/phil8.htm

[3]Federico Mayor Zaragoza, en su blog “La fuerza de la palabra”, en http://federicomayor.blogspot.com/2011/03/hacer-la-paz-y-no-la-guerra.html

 

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