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Editorial

 

 

 

EL TIEMPO DE LA SOCIEDAD CIVIL

2014/09/19 

Artículo publicado originalmente en inglés en el blog de la organización de la Marcha Contra el Cambio Climático en Edimburgo, Escocia - People's Climate March - Edinburgh

Sociedad civil 

 

"El origen de todos los grandes problemas de la crisis actual tiene su principal causa en la disociación entre las escalas de la economía y la política. Las fuerzas económicas son globales y los poderes políticos, nacionales. Esta descompensación que arrasa las leyes y referencias locales convierte la creciente globalización en una fuerza nefasta."

-Zygmunt Bauman (2011)

 

El prestigioso sociólogo Zygmunt Bauman, autor de la teoría de la modernidad líquida, apunta en unas pocas líneas a la raíz de los graves problemas sociales y medioambientales a los que nos enfrentamos, siendo el más urgente de ellos el del cambio climático.

La globalización ha terminado por someter a los poderes políticos de todo el mundo al yugo de los mercados financieros, de los bancos y las grandes corporaciones, sumiéndonos en un profundo estado antidemocrático en el que las decisiones se toman no en función de los votantes, sino de los intereses de las grandes fuerzas económicas. Esto es lo que ha llevado a la sociedad civil de buena parte del planeta a movilizarse frente a tan flagrante pérdida de derechos y libertades, con movimientos civiles de base que se han extendido desde los países de la Primavera Árabe, pasando por Grecia y por España, para difundirse por el mundo y culminar en el célebre Occupy Wall Street.

Como señala el mismo Bauman, estos movimientos sociales están supliendo la falta de una verdadera fuerza política global, y lo están haciendo mediante la oposición popular. Ante la ineficacia de unos poderes políticos incapaces de ir más allá de sus fronteras nacionales en busca de una globalización política —el caso de Europa en este aspecto es sangrante—, la única fuerza que está dando la batalla frente a las pretensiones de una globalización exclusivamente económica es la sociedad civil mundial. A través de los foros sociales mundiales, y sobre todo a través de la infinidad de oenegés esparcidas por todo el mundo, que colaboran para crear inmensas redes de acción, solo la sociedad civil de nuestro planeta está siendo capaz de ofrecer una resistencia y una oposición frontal de carácter global a los intereses de los mercados.

 

Pero el problema de este tipo de movimientos, producto, como bien señala Bauman, de la modernidad líquida, es que teminen por perder fuerza y disolverse, que teminen por no adquirir la suficiente solidez como para enfrentarse a tan grandes poderes y vencerlos. En esto, precisamente, radica la esperanza de los poderes económicos establecidos.

Eso significa que movilizaciones como la actual Marcha de los Pueblos contra el Cambio Climático no deberían quedar en una expresión puntual de la ciudadanía planetaria, una expresión poderosa y global, pero sin continuidad. Es de crucial importancia que estos movimientos no se disuelvan en la nada al cabo de pocas semanas de su activación. Es esencial que el impulso se perpetúe también de forma líquida, como una marea, o quizás mejor, como un temporal con mar de fondo, capaz de convertirse en un movimiento global permanente que socave los cimientos de los antidemocráticos poderes económicos en la sombra.

Si queremos dar un futuro a nuestros hijos y a nuestros nietos, si queremos legarles el hermoso planeta que nos legaron nuestros antepasados, si queremos que vivan en una sociedad justa y respetuosa con los diferentes, en un mundo sin guerras y sin violencia, tendremos que mantener el impulso a lo largo del tiempo hasta conseguir la inercia líquida suficiente como para barrer y obligar a colaborar a esos poderes que se ocultan en las bolsas.

Ha llegado nuestra hora. Este es nuestro tiempo, el tiempo de la sociedad civil. Más allá de lo que puedan hacer o no nuestros políticos, los que nosotros hemos elegido, nos toca a nosotros convertirnos en la fuerza global capaz de cambiar el rumbo de la humanidad y de nuestro planeta. Hemos llegado, al menos en una buena parte de las sociedades de la Tierra, a la mayoría de edad de la consciencia. No podemos esperar a que nuestros políticos-padres nos resuelvan un problema para el cual no cuentan con la suficiente fuerza global. Solo nosotros podemos dar el golpe de timón necesario en los asuntos mundiales.

Pero esto supondrá hacer las cosas de otra manera. En una sociedad líquida, la verticalidad jerárquica se transforma en horizontalidad, en liderazgo colectivo y pensamiento colectivo. No es que no haya líderes, sino que el liderazgo se deberá ejercer ahora desde la proximidad, desde la igualdad en la base, desde el sentido de acompañamiento, desde la apertura a ideas y personas.

Nuestro modelo de funcionamiento tendrá que dejar de ser piramidal —rígido, vertical, basado en la disciplina— para convertirse en una amplísima red de interconexiones, en un modelo flexible, horizontal, de cercanía; un modelo de red, líquido. Y sobre todo y por encima de todo, nuestro modelo deberá ser en su esencia más profunda un modelo no-violento, basado en el ahimsa de Gandhi, en la búsqueda de la verdad, la justicia, la belleza y el bien común.

Ha llegado el tiempo de la sociedad civil, y se ha puesto en nuestras manos la enorme responsabilidad de dejar un mundo habitable y justo para las generaciones futuras. Es una enorme responsabilidad. Pero si la Vida nos ha puesto esa responsabilidad en nuestras manos es porque podemos asumirla y llevarla a cabo.

Sinceramente, y a pesar del profundo respeto que me merece, creo que Zygmunt Bauman se equivocó cuando, en 2011, analizando el naciente movimiento del 15M en España, que terminaría dando lugar al Movimiento Occupy en medio mundo, comentó que aquel movimiento, siendo líquido, no sería duradero (El País 17/10/2011).  En estos momentos, tres años después, un partido nacido de las entrañas de aquel movimiento, está a punto de convertirse en el segundo partido del país en intención de voto, y todo ello con un modelo horizontal y participativo, tomando decisiones a partir de asambleas locales.

Quién sabe si el poder de lo líquido no terminará convirtiéndose en un poderoso oleaje imposible de detener. Al fin y al cabo, el agua, gota a gota, es capaz de perforar hasta las más duras rocas. Solo se requiere persistencia.

 

Grian A. Cutanda, fundador y director del Proyecto Avalon

People's Climate March - Edinburgh, Scotland 

 

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